


Pregón 2025: Una radiografía de Ciempozuelos, las fiestas y cómo los vecinos y vecinas las viven
Santiago Gómez Rico, vecino de Ciempozuelos, escritor y finalista del Premio Planeta 2024 con su novela ‘El amargo sabor de las crisálidas’, fue el pregonero de las Fiestas Patronales 2025 en honor a la Virgen del Consuelo que recientemente se han celebrado en el municipio.
Muchos vecinos y vecinas del municipio se acercaron a la Plaza de la Constitución donde Gómez Rico, acompañado por la alcaldesa, Raquel Jimeno, leyó un discurso (firmado, por supuesto, por él) que, además de un pregón es una radiografía perfecta de Ciempozuelos, lo que son sus fiestas y cómo las viven los ciempozueleños y las ciempozueleñas.
A continuación, podéis leerlo:
¡Ciempozueleñas! ¡Ciempozueleños! Buenas noches.
Como pregonero vuestro que soy, os debo una explicación, y la explicación que os debo os la voy a explicar ahora mismo.
Llegué a Ciempozuelos con un coche viejo, una mujer casi nueva y un niño pequeño. Era verano de los años noventa del siglo pasado. Casi metidos en fiestas. Recuerdo la primera noche de aquel viernes. Estábamos sentados los tres, en las gradas, siguiendo el chundachunda de la orquesta y el jolgorio del personal. De pronto todo se para. Anuncian toros de fuego. El personal se retira de las gradas y nos quedamos los tres. El niño dice: ¡Yo no quiero irme, yo quiero ver los toros! Nos quedamos en lo más alto de las gradas. Casi solos. Salió el primer toro. Y de seguido el segundo. Y de pronto comienzan a llover petardos y truenos por todas partes. Ahí, los tres, abrazados como tres memos. En un puño. Aguantando el chaparrón de fuego. Acabada la primera sesión se levanta de un respingo el niño y dice: ¡Ya no quiero más toros! ¡Vámonos! Y, de dos en dos, saltó los escalones y echó a correr. Calle Mayor arriba. ¡Vamos mama! ¡Vamos Papa!, gritaba Curro Romero. Y casi nos salimos del pueblo.
Fue nuestro primer contacto con la realidad. Después vinieron los conocimientos, las amistades, la peña de los Peques, la Casa de Cultura, el Ventura, el Patatero o el Eloy, la biblioteca con la más entre las mases de las bibliotecarias, el futbol, el atletismo, la escuela de música o la de teatro o la de pintura o la de recuperación de cacharros y, en verano, las disputas con las avispas por un sitio en la piscina, y las quedadas en el Navas o Bote o las Pirámides y las palmeras… Pero, como diría el cantante entre cantantes: dejadme, ay, que yo prefiera la acera.
Las aceras de Ciempozuelos no son para andar. Se anda por la calle. A ser posible, por el centro de la calle. Las aceras son para vivirlas. Aquí un árbol, allí dos que se paran como si no se conociesen y se acaban de ver en otra acera. Las aceras son para el encuentro de las comadres o el parloteo de los compadres. Para los árboles, los postes, las papeleras y los escalones. Las aceras son para quedar, para encabronarse con la falta de sanitarios, para felicitar a la preñada y a la que no: “Que ya te lo decía yo que no” “¡Buf, qué susto!”. Las aceras están para el que quiere y el que no quiere y hasta para el que quiere pasar y no puede. Porque las aceras son como son: medianas, casi medianas, pequeñas. En algunas solo caben los flacos. ¿Y los gordos? Pues muy fácil, un pie dentro y otro fuera. Hay aceras que de tanta aglomeración no parecen aceras. En la acera se reencuentra el que se fue y no vino, o el que yéndose siempre estuvo, o la asociación la Torre con sus cigüeñas y cigoñinos, o Pepe Mandanga disfrazado de luna de seda y plata, o cien poetas intercambiando cromos en verso, o los vocingleros de Vocingleando, o las voces de las Voces para la Convivencia, o la Banda de música, cornetas, tambores, o las chicas del tren, brujas sin escoba, explicando a quien quiera escuchar, las hechuras del traje que le hicieron al que osó birlarle el asiento del último vagón. Tiendas, bares, mercado. Y hasta una torre tiene la acera. Una torre con reloj. Donde todo el mundo queda y nadie se encuentra. Eso es Ciempozuelos. Una acera. El universo en un paso. El que hay entre lo que uno quiere cuando sale de casa y todo con lo que se encuentra. Y es aquí, al fin, en la plaza, donde acaban las aceras. El centro y principio de la fiesta. Celebración del fin de un ciclo y sus cosechas. Donde todos los años, sin falta, se dan citas los que se fueron montados en una carroza de aire: Ventura Rodríguez; la princesa Venancia; el inventor Truchado; el tío Cacharrero; Esquivias el pastelero; los vecinos del san Juan, esos paisanos que sacan a pasear los pájaros que aún anidan en sus cabezas; Y Antonio Martín el de los burladeros de sombra; y “el tío Pájaro” Pascual, el de los burladeros de sol; tendidos para la procesión, los toros, la orquesta, el vino, el vermú y el bailoteo; y también está ahí, en el centro, Carlitos el de la “Fonda”; y Demetria Carvajal, la poetisa festera del Consuelo; y el maestro peripatético, Emilio Muñoz, que alfabetizó a vuestros bisas y tatarabuelos compartiendo, de cuando niños, la memoria de las aceras del pueblo; En fin, y todos aquellos otros que cada uno de vosotros retenéis en vuestra memoria. Porque todos, hoy, aquí, y sin exclusión, están convocados a la fiesta.
Y vamos acabando con algún consejo.
1- Que sepas que, si eres visitante o forastero o acabas de llegar, bienvenido seas. Y no lo olvides ni te distraigas. Si dicen de salir toros de fuego, no preguntes, no te entretengas, ve detrás del más cobarde o del que más corra. Quedáis avisados.
2- A los incontinentes. Aquí no se mea en macetas, parterres, jardines, coches, portones ni puertas.
3- A los más jóvenes y jóvenas. Si el fuego aprieta y el toro está bravío, no voléis sin globo. ¿entendido? ¡No, sin globo!
4- No abuséis de los sanitarios, son pocos, jodidos y maleaos; y nos tienen que durar todo el año. Si se os rompe una pierna, andáis a la pata coja. Si es la mano, os sacáis el moco con la otra. Y si es un ojo, os lo metéis pa´dentro, pero que no se diga que sois unos flojos o unas flojas.
5- A los maestros. Ay, pooobres. Ya se acabó el verano. No sufráis. Os queremos.
Y aquí la despedida. Que siendo como es, un honor, estar pregonando entre gente tan guapa, aguardo con esperanza el convite de un vino y una lasca de jamón, o dos, o tres, o cuatro o cinco ( y guardaos la rima), pues que con esto ya me doy por rebosado de orgullo y satisfacción.
Os lo merecéis. Nos lo merecemos. A disfrutar.
¡Ciempozueleños! ¡Ciempozueleñas!
¡Viva Ciempozuelos!
¡Vivan las fiestas de Ciempozuelos!
¡Viva la Virgen de Consuelo!
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